El ascenso de Rōnin FC a Tercera Catalana ha abierto una pregunta que ya se hacen muchos aficionados: ¿hasta dónde puede llegar el equipo de Ibai Llanos? Tras proclamarse campeón de 4ª Catalana, el club ya está en 3ª Catalana, tal y como anunció la propia entidad en sus canales oficiales.

A partir de aquí, el debate ya no es solo si Rōnin puede volver a subir, sino cuánto dinero, estructura y tiempo harían falta para pasar del fútbol regional catalán a la élite. Porque una cosa es lograr un ronin ascenso en categorías amateurs, y otra muy distinta encadenar ocho escalones hasta llegar a Primera División. Ese recorrido existe sobre el papel, pero exige superar ligas territoriales, categorías semiprofesionales y, finalmente, el fútbol profesional regulado por LaLiga.

Cuántas categorías separan a Rōnin FC de Primera

Ahora mismo, tras subir a Tercera Catalana, el camino teórico de Rōnin FC hasta Primera sería este: Tercera Catalana, Segona Catalana, Primera Catalana, Lliga Elit, Tercera Federación, Segunda Federación, Primera Federación, Segunda División y Primera División. La propia FCF recoge el sistema de ascensos entre Tercera, Segona, Primera Catalana y Lliga Elit, mientras que la RFEF enumera después las categorías estatales de Tercera Federación, Segunda Federación y Primera Federación; por encima de ellas aparecen Segunda División y Primera División dentro de LaLiga.

Eso significa que, desde donde está hoy, Rōnin necesitaría ocho ascensos para llegar a Primera. Sobre el papel, el objetivo no es imposible porque la pirámide lo permite. En la práctica, sí es una empresa gigantesca: cada escalón cambia el tipo de rival, el coste de plantilla, la exigencia de infraestructura, los desplazamientos y el volumen de ingresos que necesitas para competir con garantías. Esto último es una inferencia razonable basada en la propia estructura competitiva y económica del sistema.

El primer techo real de Rōnin: dominar el fútbol catalán

Antes de pensar en el fútbol profesional, Rōnin FC tendría que demostrar que puede mandar de verdad en el fútbol catalán amateur y territorial. El siguiente reto inmediato es la Tercera Catalana, una categoría donde ya aparecen clubes con más experiencia competitiva y estructuras muy asentadas en su entorno. Los grupos cambian según la distribución geográfica, así que no puede saberse hoy el grupo exacto de Rōnin para 2026/27, pero las clasificaciones oficiales actuales dejan ver el tipo de rivales que se mueven en ese nivel. En Tercera Catalana grupo 11, por ejemplo, aparecen equipos como Vista Alegre, Viladecans UD B, Fontsanta-Fatjó, Fundació Atlètic Sant Just o Terlenka Barcelonista. En el grupo 10 figuran clubes como Espluguenc B, Sant Genís-Penitentes B, Can Buxeres o Montbau.

Si Rōnin logra subir desde ahí, en Segona Catalana ya se encontraría con un salto competitivo más serio. En el grupo 4 de esta temporada aparecen equipos como Fundació Terrassa FC 1906, Puigreig, Gironella, Berga, Sabadellenca, Barberà Club de Futbol o Junior FC. Son nombres que reflejan una categoría con más tradición, más regularidad y menos margen para ganar solo por inercia mediática.

Más arriba, en Primera Catalana, el escenario se endurece todavía más. El grupo 1 actual reúne a clubes como Rubí UE, Santfeliuenc, Vilafranca, Horta, Júpiter, Ciudad Cooperativa o Manlleu. Y ya en Lliga Elit, el último peldaño autonómico antes del fútbol estatal, aparecen equipos como Martinenc, San Juan Atlético de Montcada, Pobla Mafumet, AE Prat, Castelldefels, Sabadell B o Rubí UE. Ahí es donde de verdad empieza a verse qué proyectos pueden pensar en dar el salto a categoría nacional.

Ronin ascenso: del fenómeno viral al proyecto de largo recorrido

La parte más atractiva del caso es que Rōnin FC no compite como un club amateur cualquiera. Tiene una ventaja de visibilidad enorme gracias a Ibai Llanos, y eso puede facilitar patrocinio, audiencia, venta de camiseta, acuerdos comerciales y atracción de jugadores. Pero esa ventaja no elimina la realidad del fútbol de ascensos: a medida que subes, cada promoción es menos “romántica” y más empresarial. Necesitas mejor plantilla, cuerpo técnico más completo, logística más profesional y una estructura legal y económica muy ordenada.

Por eso, la pregunta correcta no es solo si Rōnin puede ascender otra vez, sino si puede convertirse en un club sostenible durante muchos años. Subir una o dos categorías en el fútbol catalán parece bastante más realista que pensar a corto plazo en la Primera División. La distancia entre una cosa y otra es descomunal. Esto es análisis, pero está apoyado en la diferencia de escalones y en el cambio de regulación económica entre categorías territoriales, federativas y LaLiga.

Cuánto costaría a Rōnin FC llegar a Primera División

Aquí conviene ser muy claro: no existe una cifra oficial cerrada para responder cuánto costaría a Rōnin llegar a Primera, porque depende de si asciende rápido o lento, de cuánto invierta en jugadores, de si compra estructura, de sus ingresos comerciales y de si necesita pérdidas sostenidas para crecer. Lo que sí puede hacerse es una estimación razonable por fases.

En las categorías catalanas, un proyecto fuerte puede crecer con presupuestos relativamente contenidos comparados con el fútbol profesional. Pero en cuanto entras en el fútbol estatal, el gasto se dispara. Además, en LaLiga ya no hablas solo de pagar plantillas: hablas de control económico, coste de plantilla deportiva, seguridad social, amortizaciones, comisiones y cumplimiento presupuestario. LaLiga define el Límite de Coste de Plantilla Deportiva como el importe máximo que un club puede consumir en jugadores, entrenadores y otros costes asociados, incluyendo también filiales y cantera en determinados supuestos.

Una estimación prudente para competir con ambición ascensora podría moverse en estas horquillas:

De Tercera Catalana a Primera Catalana

En este tramo, Rōnin podría moverse, según la ambición y el nivel de profesionalización, en presupuestos de aproximadamente 100.000 a 500.000 euros por temporada. Eso incluiría plantilla, cuerpo técnico, arbitrajes, material, mutualidad, desplazamientos, alquiler o mantenimiento de campo y estructura básica. No hay una cifra federativa única publicada para cada club en estas categorías, así que esto es una estimación orientativa, no un dato oficial. La base factual para el salto de exigencia está en la propia estructura de categorías y ascensos de la FCF.

Lliga Elit y Tercera Federación

Aquí el proyecto ya entra en una zona mucho más exigente. Para competir arriba, una horquilla razonable podría estar entre 400.000 y 1,8 millones por temporada, según el tipo de plantilla y aspiración. La RFEF mantiene ayudas y subvenciones importantes al fútbol no profesional, incluido apoyo a desplazamientos y otros gastos relativos a competiciones estatales, lo que refleja que a este nivel los costes ya son relevantes. Además, la ampliación de la Tercera Federación con apoyo económico federativo muestra que es una categoría con necesidad real de financiación estructural.

Segunda Federación

En Segunda Federación ya hablamos de una categoría muy seria. Un ejemplo útil es Numancia, que para 2024/25 presupuestó un gasto total de 2,8 millones de euros en Segunda Federación. También existe el caso de Intercity, que en su ejercicio publicado figuraba con solo 600.000 euros de ingresos tras su descenso a la cuarta categoría, una cifra que ilustra que los modelos pueden ser muy desiguales y que no todos los clubes tienen estructuras sanas o comparables. Con esos antecedentes, una franja razonable para aspirar fuerte en Segunda Federación estaría aproximadamente entre 1,5 y 4 millones por temporada.

Primera Federación

En Primera Federación el salto vuelve a ser enorme. Un artículo de 2Playbook de 2022 situaba a un club de la parte baja en torno a 750.000 euros solo en plantilla y salarios, dentro de un presupuesto total cercano a 1,5 millones, pero eso era un suelo y además anterior a la evolución reciente del mercado. A efectos prácticos, para pensar en un ascenso realista hoy, muchos proyectos necesitan bastante más, con presupuestos que fácilmente pueden irse a varios millones. Como referencia prudente, una franja razonable para competir de verdad por subir sería de 3 a 10 millones por temporada, aunque algunos clubes gasten más y otros menos. La parte inferior de esta horquilla es inferencia; el dato directo citado es el mínimo aproximado publicado para la zona baja de la categoría.

Segunda División

Aquí ya entras en el fútbol profesional de pleno. LaLiga publica el límite de coste de plantilla deportiva de los clubes y, en 2025/26, el límite agregado de LaLiga Hypermotion se sitúa en torno a 220 millones de euros. Además, artículos recientes recogen que algunos clubes de Segunda manejan límites de coste de plantilla de varios millones, con ejemplos recientes entre aproximadamente 4 y casi 20 millones según club y situación. Competir por subir a Primera exige, por lo general, una estructura económica muy superior a la de Primera Federación.

Primera División

El último salto es el más salvaje de todos. LaLiga recoge que el límite agregado de LaLiga EA Sports supera los 2.700 millones de euros en 2025/26, y eso deja claro el tamaño del ecosistema al que habría que llegar. No significa que Rōnin necesitara de inicio decenas y decenas de millones para ascender desde Segunda en un año milagroso, pero sí que mantenerse en Primera exige una capacidad de gasto y unos ingresos completamente distintos a todo lo anterior. Un recién ascendido puede vivir con una realidad mucho más modesta que los grandes, pero aun así hablaríamos ya de decenas de millones entre plantilla, estructura, estadio, personal, cantera y cumplimiento normativo.

Entonces, ¿cuánto dinero total haría falta?

Si lo resumimos de forma honesta, llegar desde Tercera Catalana hasta Primera podría exigir, en un escenario muy ambicioso, algo así como entre 15 y 40 millones de euros acumulados solo para construir el camino durante varios años, y probablemente bastante más si el club quiere acelerar ascensos, corregir errores a golpe de inversión o sostenerse después en el fútbol profesional.

Esa horquilla no es una cifra oficial ni cerrada. Es una estimación razonada a partir de:

  • la estructura real de ascensos de la FCF y la RFEF;
  • ejemplos de presupuestos o magnitudes de gasto en categorías semiprofesionales;
  • y el nivel de control económico y coste de plantilla que existe ya en LaLiga.

Dicho de otra forma: sí, Rōnin podría llegar muy arriba, pero el verdadero cuello de botella no está en Tercera Catalana ni quizá en Segona o Primera Catalana. El muro serio empieza cuando el club necesita transformarse en una estructura casi profesional, y después plenamente profesional.

¿Hasta dónde puede llegar Rōnin de verdad?

En un escenario realista, Rōnin FC sí puede aspirar a seguir subiendo categorías si mantiene inversión, acierta con la plantilla y conserva la ventaja de visibilidad que le da Ibai. Verle en Segona Catalana, Primera Catalana o incluso peleando por Lliga Elit no suena descabellado. Pensar en Tercera Federación también entra dentro de lo imaginable a medio plazo si el proyecto se consolida deportiva y financieramente.

Hablar ya de Segunda División o Primera División es otra historia. No porque el camino no exista, sino porque ahí la dificultad deja de ser solo deportiva. Hace falta una estructura de club muy potente, ingresos recurrentes, estadio adecuado, capacidad para absorber pérdidas o invertir a largo plazo, y una gestión profesional de verdad. El atractivo mediático ayuda mucho, pero no sustituye años de construcción.

Conclusión

El ronin ascenso a Tercera Catalana ha sido solo el primer paso. Desde aquí, Rōnin FC todavía está a ocho ascensos de Primera División, con un recorrido que pasa por Segona Catalana, Primera Catalana, Lliga Elit y tres categorías estatales antes de entrar en el fútbol profesional.

¿Puede llegar lejos? Sí. ¿Puede llegar a Primera? En teoría también. Pero para hacerlo no bastará con ser el equipo de Ibai ni con dominar una categoría regional. Harán falta años, acierto deportivo, muchísimo dinero y una estructura de club cada vez más seria. A día de hoy, lo más razonable es pensar que el gran objetivo de Rōnin no debería ser aún la Primera División, sino comprobar primero hasta dónde puede escalar dentro del fútbol catalán y, después, en el ecosistema federativo nacional. Esa es la prueba de verdad.

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